de ir, debo hacer el equipaje ahora mismo, pues solo tengo media hora”.
Mi experiencia de la vida de campaña en Afganistán había tenido al menos el efecto de convertirme en un viajero pronto y resuelto. Mis necesidades eran pocas y sencillas, de modo que en menos del tiempo indicado me encontraba en un coche de punto con mi maleta, traqueteando hacia la estación de Paddington. Sherlock Holmes paseaba de arriba abajo por el andén, con su alta y demacrada silueta vuelta aún más demacrada y alta por su larga capa de viaje gris y su gorra de tela ceñida.
—Es realmente muy amable por su parte venir, Watson —dijo—. Representa una diferencia considerable para mí tener conmigo a alguien en quien pueda confiar plenamente. La ayuda local siempre es inútil o está sesgada.