y nos viera, nuestro viaje habría sido en vano. Adiós, y sea valiente, porque si hace lo que le he dicho, puede estar segura de que pronto ahuyentaremos los peligros que la amenazan.
Sherlock Holmes y yo no tuvimos ninguna dificultad en alquilar un dormitorio y una sala de estar en la posada Crown. Estaban en la planta alta, y desde nuestra ventana podíamos dominar una vista de la verja de la avenida y del ala habitada de la mansión de Stoke Moran.
Al atardecer vimos pasar al Dr. Grimesby Roylott, con su enorme silueta recortándose junto a la pequeña figura del muchacho que lo conducía. El chico tuvo cierta dificultad para abrir las pesadas verjas de hierro, y oímos el ronco rugido de la voz del médico y vimos la