menos el hombre criminal, ha perdido toda iniciativa y originalidad. En cuanto a mi propia pequeña práctica, parece estar degenerando en una agencia para recuperar lápices de mina perdidos y dar consejos a señoritas de internados.
—Creo, sin embargo, que al fin he tocado fondo. Esta nota que he recibido esta mañana marca mi punto cero, me figuro. ¡Léela!
Me arrojó una carta arrugada.
Llevaba fecha de Montague Place de la tarde anterior, y decía así:
“ Estimado Sr. Holmes: —Deseo consultarle con mucha urgencia si debo o no aceptar un puesto que me han ofrecido como institutriz. Iré a visitarle mañana a las diez y media si no le causa inconveniente. Atentamente suya,
—¿Conoce usted a la joven señorita? —le pregunté.
“Yo tampoco.”
“Son las diez y media ahora.”
“Sí, y no me cabe duda de que