e informes a través de los pesados remolinos amarillos.
Nuestra gas estaba encendida y brillaba sobre el mantel blanco y el destello de la porcelana y el metal, pues la mesa aún no había sido recogida.
Sherlock Holmes había estado callado toda la mañana, ojeando continuamente las columnas de anuncios de una sucesión de periódicos hasta que al fin, al parecer habiendo abandonado su búsqueda, había emergido de no muy buen humor para sermonearme sobre mis deficiencias literarias.
—Al mismo tiempo —observó tras una pausa, durante la cual había estado exhalando bocanadas de humo de su larga pipa y mirando fijamente el fuego—, difícilmente se le puede acusar de sensacionalismo, pues de estos casos en los que ha tenido la amabilidad de interesarse, una buena proporción ni siquiera trata sobre crímenes en el sentido legal de la palabra.