fuerte privada y volví una vez más a mi trabajo.
“Cuando llegó la noche sentí que sería una imprudencia dejar una cosa tan preciosa en la oficina detrás de mí. Las cajas fuertes de los bancos ya habían sido violadas antes, ¿y por qué no iba a serlo la mía? Si así fuera, ¡qué terrible sería la posición en la que me encontraría!”.
Por lo tanto, determiné que durante los próximos días llevaría siempre el estuche conmigo de ida y vuelta, de modo que nunca estuviera realmente fuera de mi alcance. Con este propósito, llamé a un coche de punto y me dirigí a mi casa en Streatham, llevando la joya conmigo. No respiré con tranquilidad hasta que la hube subido y la hube encerrado en el secreter de mi cuarto de vestir.
“Y ahora una palabra sobre mi servidumbre, Mr. Holmes, pues deseo que comprenda perfectamente la situación. Mi mozo de cuadra y mi paje duermen fuera de casa, y se les puede descartar por completo. Tengo tres sirvientas que llevan conmigo un buen número de años y cuya absoluta fiabilidad está fuera de toda sospecha.
Otra, Lucy Parr, la segunda doncella, solo lleva en mi servicio unos pocos meses. Sin embargo, vino con unas referencias excelentes y siempre me ha dado satisfacción. Es una muchacha muy bonita y ha atraído a admiradores que ocasionalmente han rondado por el lugar. Ese es el único inconveniente que le hemos encontrado, pero creemos que es una muchacha cabal en todos los sentidos.
—Eso es todo en cuanto a los sirvientes. Mi familia en sí es tan pequeña que no me llevará mucho tiempo describirla. Soy viudo