atardecer, sus esfuerzos dieron al fin resultado y lograron dominar las llamas, pero no antes de que el tejado se hubiera venido abajo y todo el lugar quedara reducido a una ruina tan absoluta que, a excepción de unos cilindros retorcidos y tuberías de hierro, no quedaba ni rastro de la maquinaria que le había costado tan cara a nuestro desfortunado conocido.
Grandes masas de níquel y de estaño fueron descubiertas almacenadas en un cobertizo, pero no se encontró ninguna moneda, lo que tal vez explicaba la presencia de esas voluminosas cajas a las que ya se ha hecho referencia.
Cómo había sido transportado nuestro ingeniero hidráulico desde el jardín hasta el lugar donde recuperó el sentido pudo haber permanecido como un misterio para siempre de no ser por la tierra blanda, que nos contó una historia muy clara.
Evidentemente había sido bajado en brazos por dos personas, una de las cuales tenía unos pies extraordinariamente pequeños y la otra unos inusualmente grandes. En conjunto, era de lo más probable que el silencioso inglés, al ser menos audaz o menos sanguinario que su compañero, hubiera ayudado a la mujer a apartar al hombre inconsciente del peligro.
—Bueno —dijo nuestro ingeniero con aflicción mientras tomábamos asiento para regresar una vez más a Londres—, ¡ha sido un bonito asunto para mí! He perdido el pulgar y he perdido unos honorarios de cincuenta guineas, ¿y qué he ganado?
—La experiencia —dijo Holmes, riendo—. Indirectamente puede ser de valor, ya sabe; no tiene más que ponerla en palabras para ganarse la reputación de ser una compañía excelente por el resto de su existencia.