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nydus/The Adventures of Sherlock HolmesPublic
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La Liga de los Pelirrojos

Holmes —dijo Mr. Merryweather mientras los seguíamos desde el sótano—, no sé cómo el banco puede agradecerle o recompensarle. No cabe duda de que ha descubierto y derrotado de la manera más completa uno de los intentos más decididos de robo a un banco que jamás hayan llegado a mi experiencia.

—Tengo que saldar una o dos pequeñas cuentas pendientes con el señor John Clay —dijo Holmes—. He tenido ciertos pequeños gastos en este asunto, que espero que el banco me reembolse, pero aparte de eso me doy por ampliamente pagado con esta experiencia, que es única en muchos aspectos, y con haber escuchado el extraordinario relato de la Liga de los Pelirrojos.

—Ya ve, Watson —explicó en la madrugada mientras tomábamos un vaso de whisky con soda en Baker Street—, desde el primer momento fue perfectamente evidente que el único objetivo posible de este asunto tan disparatado del anuncio de la Liga y la copia de la Enciclopedia tenía que ser apartar a este empeñista, no demasiado avispado, durante unas horas todos los días.

Era un modo curioso de llevarlo a cabo, pero, la verdad, sería difícil sugerir uno mejor. Sin duda, el método le fue sugerido a la ingeniosa mente de Clay por el color del pelo de su cómplice. Las 4 libras a la semana eran un cebo que tenía que atraerlo, ¿y qué significaba eso para ellos, que se jugaban miles?

Pusieron el anuncio, un pícaro ocupa la oficina temporal, el otro pícaro incita al hombre a solicitar el puesto, y juntos se arreglan para asegurarse de que él se ausente todas las mañanas de

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