las hojas y las ramitas secas, recogiendo en un sobre lo que a mí me pareció polvo y examinando con su lupa no solo el suelo, sino incluso la corteza del árbol hasta donde alcanzaba. Entre el musgo había una piedra dentada, que también examinó minuciosamente y guardó. Luego siguió un sendero a través del bosque hasta llegar a la carretera principal, donde se perdían todos los rastro.
—Ha sido un caso de considerable interés —comentó, volviendo a su actitud natural.
—Me figuro que esta casa gris de la derecha debe ser la entrada. Creo que voy a entrar a intercambiar unas palabras con Moran y tal vez a escribir una pequeña nota. Hecho esto, podremos regresar a almorzar. Puede usted caminar hasta el coche de punto, y yo estaré con usted en un