dependientes se burlarían de él por recibir cartas de una dama, así que me ofrecí a pasarlas a máquina, como hacía él con las suyas, pero no quiso saber nada de eso, porque decía que cuando yo se las escribía parecía que venían de mí, pero que al estar a máquina siempre sentía que la máquina se interponía entre nosotros. Eso le demostrará lo mucho que me quería, señor Holmes, y los pequeños detalles en los que reparaba”.
—Fue de lo más sugerente —dijo Holmes—. Hace tiempo que tengo por axioma que las pequeñas cosas son infinitamente las más importantes. ¿Puede recordar algún otro pequeño detalle sobre el señor Hosmer Angel?
“Era un hombre muy tímido, señor Holmes. Prefería pasear conmigo por la tarde antes que a la luz del día, pues decía que odiaba llamar la