no; el verdadero nombre —dijo Holmes amablemente—. Siempre es incómodo hacer negocios con un alias.
Un rubor brotó en las pálidas mejillas del desconocido.
—Pues bien —dijo él—, mi verdadero nombre es James Ryder.
—Exactamente. Jefe de camareros del Hotel Cosmopolitan. Le ruego que suba al coche, y pronto podré contarle todo lo que usted desea saber.
El hombre regordete se quedó mirándonos alternativamente con ojos medio asustados y medio esperanzados, como quien no está seguro de si se halla al borde de una fortuna inesperada o de una catástrofe.
Luego subió al coche, y en media hora estábamos de regreso en la sala de estar de Baker Street. Durante el trayecto no se había dicho nada, pero la respiración aguda y entrecortada de nuestro nuevo compañero,