me honre con algunos detalles sobre su caso.
“No es uno corriente”.
“Ninguno de los que llegan a mí lo es. Yo soy el último tribunal de apelación”.
“Y, sin embargo, me pregunto, señor, si en toda su experiencia ha llegado a escuchar una cadena de acontecimientos más misteriosa e inexplicable que la acaecida en mi propia familia”.
—Me llena usted de interés —dijo Holmes—. Le ruego que nos dé los hechos esenciales desde el principio, y después podré hacerle preguntas sobre aquellos detalles que me parezcan más importantes.
El joven acercó su silla y estiró los pies mojados hacia la hoguera.
—Mi nombre —dijo ése— es John Openshaw, pero mis propios asuntos, hasta donde alcanzo a comprender, tienen poco que ver con este espantoso asunto. Es un asunto hereditario; así que, para darle una idea de