de los muelles, respirando el veneno o durmiendo los efectos.
Allí era donde se le podía encontrar, estaba segura de ello, en el Bar del Oro, en Upper Swandam Lane. ¿Pero qué iba a hacer? ¿Cómo podía ella, una mujer joven y tímida, adentrarse en semejante lugar y arrancar a su marido de entre los rufianes que lo rodeaban?
Estaba el caso, y por supuesto no había más que una salida.
¿No podría yo acompañarla hasta este lugar? Y luego, pensándolo mejor, ¿por qué habría de venir ella en absoluto? Yo era el médico de cabecera de Isa Whitney y, como tal, tenía influencia sobre él. Podría arreglarlo mejor si iba solo.
Le prometí bajo palabra que lo enviaría a casa en un coche de alquiler en el plazo de dos horas, si es que él se encontraba realmente en la dirección que ella me había dado. Y así, en diez minutos hube dejado atrás mi sillón y mi alegre salita, y marchaba a toda velocidad hacia el este en un hansom en una extraña misión, según me pareció en aquel momento, aunque solo el futuro habría de demostrar cuán extraña iba a ser.
Pero no hubo gran dificultad en la primera etapa de mi aventura.
Upper Swandam Lane es un callejón inmundo que se esconde tras los altos muelles que bordean la orilla norte del río, al este del puente de Londres. Entre una tienda de ropa de segunda mano y una taberna de ginebra, a través de una empinada escalinata que descendía hacia una abertura negra semejante a la boca de una cueva,