el delito, más obvio es, por regla general, el motivo.
En estos casos, a excepción de un asunto bastante intrincado que me han remitido desde Marsella, no hay nada que presente rasgos de interés. Es posible, sin embargo, que tenga algo mejor antes de que transcurran muchos minutos, pues este es uno de mis clientes, o mucho me equivoco».
Se había levantado de su silla y estaba de pie entre los visillos separados, contemplando la sorda y grisácea calle londinense.
Mirando por encima de su hombro, vi que en la acera de enfrente había una mujer corpulenta con una pesada boa de piel alrededor del cuello y una gran pluma roja curvada en un sombrero de ala ancha que llevaba inclinado sobre la oreja con coquetería a la moda de la duquesa de Devonshire.
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