esa puerta cerrada con llave, se expone a una demanda por agresión y coacción ilegal.
“La ley no puede, como usted dice, tocarle —dijo Holmes, abriendo de par en par la puerta con su llave—, pero jamás ha habido un hombre que mereciera más el castigo. Si la joven tiene un hermano o un amigo, debería cruzarle la espalda a latigazos.
—¡Por Jove! —prosiguió, enrojeciendo al ver la amarga mueca de burla en el rostro del hombre—, no forma parte de mis deberes hacia mi cliente, pero aquí tengo a mano una fusta de montar, y creo que voy a darme el gusto de...
Dio dos pasos rápidos hacia el látigo, pero antes de poder alcanzarlo hubo un estrépito salvaje de pasos en la escalera, la pesada puerta del vestíbulo dio un portazo y desde la ventana pudimos ver al señor James Windibank corriendo a toda velocidad calle abajo.
—¡Ahí va un malvado de sangre fría! —dijo Holmes, riendo, mientras volvía a dejarse caer en su sillón—. Ese sujeto irá del crimen en crimen hasta que haga algo muy grave y acabe en la horca. El caso, en ciertos aspectos, no ha carecido totalmente de interés.
—No alcanzo a ver por completo todos los pasos de su razonamiento —comenté.
“Bien, por supuesto que desde el principio era obvio que este tal señor Hosmer Angel debía de tener algún motivo poderoso para su extraña conducta, y resultaba igualmente claro que el único hombre que realmente se beneficiaba con el incidente, hasta donde alcanzábamos a ver, era el padrastro.
Luego, el hecho de que los dos hombres nunca estuvieran juntos, sino que el uno siempre aparecía cuando