de casarse—, pero logré apartarme de ella y pronto alcancé a Frank.
Nos subimos juntos a un coche de alquiler, y salimos zumbando hacia unas habitaciones que él había alquilado en Gordon Square, y esa fue mi verdadera boda después de todos aquellos años de espera. Frank había sido prisionero de los apaches, había escapado, se había presentado en 'Frisco, descubrió que lo había dado por muerto y me había ido a Inglaterra, me siguió hasta allí y dio conmigo al fin en la misma mañana de mi segundo matrimonio.
—Lo vi en un periódico —explicó el americano—. Daba el nombre y la iglesia, pero no dónde vivía la señora.
“Luego tuvimos una conversación sobre lo que debíamos hacer, y Frank era partidario de ir con la verdad por delante, pero yo me sentía tan avergonzada de todo aquello que sentía como si quisiera desvanecerse y no volver a ver a ninguno de ellos nunca más—tan solo enviando unas líneas a papá, quizás, para demostrarle que seguía viva.
Me parecía terrible pensar en todos aquellos lores y damas sentados alrededor de esa mesa de desayuno y esperando a que yo volviera. Así que Frank tomó mis ropas de boda y demás cosas e hizo un atado con ellas, para que no pudieran seguirme el rastro, y las arrojó por ahí en algún lugar donde nadie pudiera encontrarlas.
Es probable que hubiéramos debido continuar hacia París mañana, de no ser porque este buen caballero, el señor Holmes, vino a vernos esta tarde —aunque cómo nos encontró es más