propio y estaba tan endeudado con Turner, hable aún de casar a su hijo con la hija de Turner, que es, presumiblemente, la heredera de la hacienda, y de un modo tan sumamente arrogante, como si se tratara simplemente de una propuesta y todo lo demás viniera rodado? Es tanto más extraño cuanto que sabemos que el propio Turner era reacio a la idea. La hija nos lo dijo claramente. ¿No deduce algo de eso?
—Ya hemos llegado a las deducciones y a las inferencias —dijo Lestrade, guiñándome un ojo—. Bastante difícil me resulta enfrentarme a los hechos, Holmes, como para además salir volando tras teorías e imaginaciones.
—Tiene usted razón —dijo Holmes con falsa modestia—; le resulta muy difícil afrontar los hechos.
—De cualquier modo, he comprendido un hecho que a usted le parece