—No, lo que pasa es que llevaba el ganso a casa como ofrenda de paz para su esposa. Acuérdese de la tarjeta en la pata del pájaro.
“Tienes una respuesta para todo. Pero, ¿cómo demonios deduces que no hay instalación de gas en su casa?”
—Una mancha de sebo, o incluso dos, podrían deberse al azar; pero cuando veo no menos de cinco, creo que cabe poca duda de que el individuo debe de estar en contacto frecuente con sebo ardiente; probablemente sube las escalera de noche con el sombrero en una mano y una vela que gotea en la otra. De cualquier modo, nunca se hizo esas manchas de sebo con un mechero de gas. ¿Está satisfecho?
—Bueno, es muy ingenioso —dije, riendo—; pero dado que, como ha dicho usted hace un momento, no se ha cometido ningún crimen y no se ha hecho ningún daño salvo la pérdida de un ganso, todo esto me parece más bien un desperdicio de energía.
Sherlock Holmes had opened his mouth to reply, when the door flew open, and Peterson, the commissionaire, rushed into the apartment with flushed cheeks and the face of a man who is dazed with astonishment.
—¡El ganso, Mr. Holmes! ¡El ganso, señor!, exclamó jadeante.
—¿Eh? ¿Y qué con eso? ¿Acaso ha vuelto a la vida y ha aleteado a través de la ventana de la cocina?
Holmes se volvió sobre el sofá para contemplar mejor el rostro agitado del hombre.
—¡Mire usted, señor! ¡Mire lo que mi mujer encontró en el