Estaba muy débil, pero he tenido que pasar por mucho».
“Tal vez sea mejor que no hable del asunto. Evidentemente, le altera los nervios”.
«Oh, no, ahora no. Tendré que contarle mi historia a la policía; pero, entre nosostros, si no fuera por la prueba concluyente de esta herida mía, me sorprendería que creyesen mi declaración, pues es muy extraordinaria, y no tengo gran cosa en cuanto a pruebas con las que respaldarla; y, aun si me creen, las pistas que puedo darles son tan vagas que es dudoso que se haga justicia».
—¡Ja! —exclamé—, si se trata de algo que tiene la naturaleza de un problema que usted desea ver resuelto, le recomendaría encarecidamente que acuda a mi amigo, el señor Sherlock Holmes, antes de ir a la policía oficial.
“Vaya, he oído hablar