whose disgust is too deep for words.
A pocos pasos de distancia se detuvo bajo una farola y rió con esa risa cordial y silenciosa que le era característica.
—Cuando veas a un hombre con bigotes de ese corte y el «Pink ’un» asomándole por el bolsillo, siempre puedes engancharlo con una apuesta —dijo.
«Me atrevo a decir que, si le hubiera puesto cien libras sobre la mesa, ese hombre no me habría proporcionado una información tan completa como la que le arrancó la idea de que me estaba estafando en una apuesta. Bien, Watson, creo que nos acercamos al final de nuestra pesquisa, y el único punto que queda por determinar es si debemos ir a ver a esta señora Oakshott esta noche o si debemos dejarlo para mañana. Por lo que dijo ese tipo hosco, resulta evidente que hay otros además de nosotros interesados en el asunto, y yo debería...»
Sus palabras se vieron bruscamente interrumpidas por un fuerte alboroto que estalló en el puesto que acabábamos de dejar. Al darnos la vuelta, vimos a un hombrezuelo de cara de rata de pie en el centro del círculo de luz amarilla que proyectaba la lámpara oscilante, mientras que Breckinridge, El vendedor, enmarcado en la puerta de su puesto, agitaba los puños con fiereza hacia aquella figura encogida.
—Ya estoy harto de usted y de sus gansos —gritó—. Ojalá se vayan todos al diablo juntos. Si vuelve a molestarme con su charla tonta, le echaré el perro. Traiga a la señora Oakshott por aquí