Tampoco puede la primogenitura pretender legítimamente tener el derecho de heredar en exclusiva ni la propiedad ni el poder, como veremos más plenamente en su debido lugar. Basta con haber demostrado aquí que la propiedad o dominio privado de Adán no podía transmitir ninguna soberanía o mando a su heredero, quien, al no tener derecho a heredar todas las posesiones de su padre, no podía por ello llegar a tener soberanía alguna sobre sus hermanos; y por lo tanto, si alguna soberanía a causa de su propiedad hubiera recaído en Adán, lo cual en verdad no ocurrió, aun así habría muerto con él.
Como la soberanía de Adán, si es que por virtud de ser propietario del mundo tuvo alguna autoridad sobre los hombres, no podría haber sido heredada por ninguno de sus hijos sobre el resto, porque todos tenían el mismo título para dividir la herencia y cada uno tenía derecho a una porción de las posesiones de su padre: > de modo que ni la soberanía de Adán por derecho de paternidad, si alguno hubiere tenido, podía descender a ninguno de sus hijos: pues siendo, según el parecer de nuestro autor, un derecho adquirido al engendrar, para gobernar a aquellos a quienes había engendrado, no era un poder susceptible de ser heredado, porque al ser el derecho consiguiente y fundamentado en un acto perfectamente personal, hacía que tal poder lo fuera también, y fuese imposible de heredar: pues el poder paterno, al ser un derecho natural que surge únicamente de la relación entre padre e hijo, es tan imposible de heredar como la relación misma; y un hombre puede pretender heredar el poder conyugal que el marido, cuyo heredero es, tenía sobre su esposa, con el mismo derecho con que puede pretender heredar el poder paterno de un padre sobre sus