Que las palabras «súbdito» y «rey» se encuentren tan solo en el texto o en el margen, y de inmediato eso significa el deber de un súbdito hacia su príncipe; la relación se altera, y aunque Dios dice «esposo», sir Robert quiere que sea «rey»; Adán posee al instante poder monárquico absoluto sobre Eva, y no solo sobre Eva, sino «sobre todos los que descendieran de ella», aunque las Escrituras no digan una sola palabra de ello, ni nuestro autor una sola palabra para demostrarlo. Pero, a pesar de todo, Adán tiene que ser un monarca absoluto, y así hasta el final del capítulo.
Y aquí dejo que mi lector considere si mi mera afirmación, sin ofrecer razones para demostrarlo, de que este texto no le dio a Adán ese poder monárquico absoluto que nuestro autor supone, no es tan suficiente para destruir ese poder como su mera afirmación es para establecerlo, ya que el texto no menciona ni a príncipes ni a pueblo, no habla en absoluto de poder absoluto o monárquico, sino de la sujeción de Eva a Adán, de una mujer a su marido.
Y quien quisiera seguir así a nuestro autor en todo, daría una respuesta breve y suficiente a la mayor parte de los fundamentos en los que se basa, refutándolos sobradamente con la mera negación; siendo respuesta suficiente a las aseveraciones sin pruebas negarlas sin dar razón alguna.
Y por tanto no habría tenido que decir nada, sino simplemente negar que por medio de este texto «el poder supremo fue establecido y fundado por Dios mismo en la patria potestad, limitado a la monarquía y a la persona y los herederos de Adán», todo lo cual nuestro autor deduce notablemente de estas palabras, como puede verse en la misma página, O. 244, lo cual habría sido una respuesta suficiente: si hubiera pedido a cualquier hombre sensato que se limitara a leer el texto y a considerar a quién y en qué ocasión fue dicho, sin duda se habría preguntado cómo nuestro autor descubrió en él un poder monárquico absoluto, de no haber poseído una facultad extraordinariamente buena para encontrarlo él mismo allí donde no podía mostrárselo a los demás.