atribuir a alguno de ellos, ellos mismos no la reclamaban, sino que por consentimiento eran todos iguales, hasta que por ese mismo consentimiento se pusieron gobernantes a sí mismos. De modo que todas sus sociedades políticas tuvieron su origen en una unión voluntaria y en el acuerdo mutuo de hombres que actuaban libremente en la elección de sus gobernantes y de sus formas de
Y espero que a los que se marcharon de Esparta con Palanto, mencionados por Justino (lib. III, cap. 4), se les permita haber sido hombres libres, independientes unos de otros, y haber establecido un gobierno sobre sí mismos por su propio consentimiento. Así he dado varios ejemplos de la historia de pueblos libres y en estado de naturaleza que, al encontrarse, se incorporaron y dieron comienzo a una comunidad política. Y si la falta de tales ejemplos fuera un argumento para probar que los gobiernos no fueron ni pudieron ser comenzados de ese modo, supongo que los defensores del imperio paterno harían mejor en dejarlo estar que en esgrimirlo contra la libertad natural; pues si ellos pueden