Nuestro autor continúa: «Y después de ellos asimismo por un tiempo levantó jueces para defender a su pueblo en tiempo de peligro», p. 18. Esto demuestra que la autoridad paterna es el origen del gobierno, y que descendió de Adán a sus herederos, exactamente igual que lo anterior: solo que aquí nuestro autor parece confesar que estos jueces, que eran todos los gobernantes que entonces tenían, eran únicamente hombres de valor, a quienes hicieron sus generales para que los defendieran en tiempo de peligro; ¿y acaso no puede Dios levantar a tales hombres, a menos que la paternidad tenga un derecho al Gobierno?
Pero dice nuestro autor,
«cuando Dios dio reyes a los israelitas, restableció el derecho antiguo y primordial de sucesión lineal al gobierno paterno».
p. 18.
¿Cómo lo restableció Dios? ¿Por medio de una ley, de un mandato positivo? No hallamos tal cosa. Nuestro autor quiere decir entonces que, cuando Dios les dio un rey, al darles un rey, restableció el derecho, etc. Restablecer de facto el derecho de sucesión lineal al gobierno paterno es poner a un hombre en posesión de aquel gobierno que sus padres disfrutaron y al que él tenía derecho por sucesión lineal: pues, primero, si se trataba de un gobierno distinto al que tuvo su antepasado, no era una sucesión a un derecho antiguo, sino el comienzo de uno nuevo; ya que si un príncipe le otorgara a un hombre, además de su antiguo patrimonio —del cual su familia había sido desposeída durante algunas generaciones—, una propiedad adicional que jamás antes estuvo en posesión de sus