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nydus/Two Treatises of GovernmentPublic
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IX. De la monarquía por herencia de Adán

De la Monarquía, por herencia de Adán

Aunque resulte de lo más evidente que debe haber gobierno en el mundo, es más, aun si todos los hombres fueran de la opinión de nuestro autor de que el nombramiento divino había ordenado que fuera monárquico; sin embargo, dado que los hombres no pueden obedecer aquello que no puede mandar; y las ideas de gobierno en la imaginación, por muy perfectas, por muy correctas que sean, no pueden dar leyes ni prescribir reglas a las acciones de los hombres; de nada serviría para el establecimiento del orden y la instauración del gobierno en su ejercicio y uso entre los hombres, a menos que se enseñara también un modo de conocer a la persona a quien correspondía tener este poder y ejercer este dominio sobre los demás.

Es en vano, pues, hablar de sujeción y obediencia sin decirnos a quién debemos obedecer: porque aunque estuviera yo plenamente persuadido de que debe haber magistratura y gobierno en el mundo, sigo teniendo, no obstante, plena libertad hasta que aparezca quién es la persona que tiene derecho a mi obediencia; ya que, si no hay señales para reconocerlo y distinguir a quien tiene derecho a mandar de los demás hombres, puedo ser yo mismo tan bien como cualquier otro; y por tanto, aunque la sumisión al gobierno sea deber de todos, sin embargo, como eso no significa otra cosa que someterse a la dirección y a las leyes de aquellos hombres que tienen autoridad para mandar, no basta para hacer de un hombre un súbdito convencerle de que existe un poder real en el mundo; sino que debe haber formas de designar y conocer a la persona a quien

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