Por tanto, Sara supone que si Ismael se quedaba en la casa para participar en la hacienda de Abraham después de su muerte, este hijo de una sierva podría ser heredero junto con Isaac; y por eso, dice ella: «Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de ser heredero con mi hijo»: pero esto no puede disculpar a nuestro autor, quien, al decirnos que hay, en cada grupo de hombres, uno que tiene razón y es el heredero más próximo de Adán, debió habernos dicho cuáles son las leyes de la descendencia; mas como él ha sido tan remiso en instruirnos mediante reglas sobre cómo saber quién es el heredero, veamos en el lugar siguiente qué es lo que nos proporciona su historia extraída de la Escritura —sobre la cual pretende basar enteramente su gobierno— en este punto necesario y fundamental.
Nuestro autor, para hacer honor al título de su libro, p. 13, comienza su historia de la descendencia del poder real de Adán, p. 13, con estas palabras:
«Este señorío que Adán tuvo por mandato sobre todo el mundo, y que por derecho descendiendo de él disfrutaron los patriarcas, fue un gran», etc.
¿Cómo prueba que los patriarcas por descendencia lo disfrutaron? pues «del dominio de vida y muerte», dice, «encontramos que Judá, el padre, pronunció sentencia de muerte contra Tamar, su nuera, por haberfornicado», p. 13.
¿Cómo prueba esto que Judá tenía una autoridad absoluta y soberana? > «él pronunció sentencia de muerte». El pronunciamiento de la sentencia de muerte no es una señal certera de soberanía, sino que suele ser la función de los magistrados inferiores.