Cuando se vieron libres de esta servidumbre, ¿qué entonces?
«Dios, por un cuidado especial de ellos, los israelitas».
Es bueno que una vez en su libro permita que Dios tenga algún cuidado del pueblo: pues en otros lugares habla de la humanidad como si Dios no tuviera cuidado de ninguna parte de ella, sino solo de sus monarcas, y que el resto de la gente, las sociedades de los hombres, fueron hechas como tantas manadas de ganado, únicamente para el servicio, uso y placer de sus príncipes.
«Eligió a Moisés y a Josué sucesivamente para gobernar como príncipes»; un argumento astuto que nuestro autor ha inventado para probar la solicitud de Dios por la autoridad paternal y los herederos de Adán, al demostrar aquí que, como expresión de su cuidado por su propio pueblo, elige como príncipes sobre ellos a quienes no tenían la menor pretensión a ninguna de ambas cosas.
Las personas elegidas fueron Moisés, de la tribu de Leví, y Josué, de la tribu de Efraín, ninguno de los cuales tenía título alguno de paternidad. Pero, dice nuestro autor, estaban en el lugar y puesto de los padres supremos.
Si Dios hubiera declarado en alguna parte tan claramente su elección de tales padres para ser gobernantes como lo hizo con Moisés y Josué, podríamos creer que Moisés y Josué estaban en su lugar y puesto: pero, siendo ese el asunto en debate, hasta que eso se pruebe mejor, el hecho de que Moisés fuera elegido por Dios para ser gobernante de su pueblo no probará más que el gobierno pertenecía al heredero de Adán, o a la paternidad, de lo que probará el que Dios eligiera a Aarón de la tribu de Leví para ser sacerdote que el sacerdocio pertenecía al heredero de Adán, o a los padres primeros; puesto que Dios quiso elegir a Aarón para ser sacerdote y a Moisés para ser gobernante en Israel, aunque ninguno de esos cargos estuviera asignado al heredero de Adán, ni a la paternidad.