Adán fue el padre, rey y señor de su familia; un hijo, un súbdito y un sirviente o esclavo eran una y la misma cosa al principio. El padre tenía el poder de disponer de sus hijos o sirvientes o de venderlos; de ahí que encontremos que, en el primer recuento de bienes en las Escrituras, el siervo y la sierva son enumerados entre las posesiones y la hacienda del propietario, al igual que otros bienes, O. pref. Dios también le ha dado al padre el derecho o la libertad de enajenar su poder sobre sus hijos dándoselo a cualquier otro; de ahí que encontremos que la venta y el regalo de hijos fueron de uso muy común en el principio del mundo, cuando los hombres tenían a sus sirvientes como posesión y herencia, así como otros bienes; por lo cual encontramos que el poder de castrar y hacer eunucos fue de uso muy común en la antigüedad, O. p. 155. La ley no es otra cosa que la voluntad de aquel que tiene el poder del padre supremo, O. p. 223. Fue ordenanza de Dios que
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II. Del poder paternal y regio
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