de sucesión por prescripción: o ya sea que varias familias, o los descendientes de varias familias que el azar, la vecindad o los negocios reunieron, se unieran en sociedad: la necesidad de un general cuya conducta los defendiera contra sus enemigos en la guerra, y la gran confianza que la inocencia y sinceridad de aquella época pobre pero virtuosa (como lo son casi todas las que dan origen a los gobiernos que llegan a perdurar en el mundo) daban a los hombres los unos en los otros, hicieron que los primeros fundadores de repúblicas por lo general pusieran el mando en manos de un solo hombre, sin más limitación o restricción expresa que la exigida por la naturaleza de las cosas y el fin del gobierno: Cualquiera que fuere el origen que al principio puso el mando en manos de una sola persona, lo cierto es que a nadie se le confió sino para el bien y la seguridad públicos, y para esos fines, en la infancia de las repúblicas, quienes lo ostentaban solían ejercerlo. Y de no haberlo hecho así, las sociedades jóvenes no habrían podido subsistir; sin tales padres nutricios, tiernos y cuidadosos del bienestar público, todos los gobiernos habrían sucumbido bajo la debilidad y las flaquezas de su infancia, y el príncipe y el pueblo habrían perecido pronto el uno con el otro.
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VIII. Del comienzo de las sociedades políticas
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