engendra», O. 156. De modo que, siendo Adán el único hombre creado, y habiendo sido todos los demás engendrados desde entonces, nadie ha nacido libre. Si preguntamos cómo Adán obtiene este poder sobre sus hijos, él nos dice aquí que es por el hecho de engendrarlos; y así también, O. 223: > «Este dominio natural de Adán —dice— puede demostrarse a partir del propio Grocio, quien enseña que generatione jus acquiritur parentibus in liberos». Y, en efecto, siendo el acto de engendrar lo que hace a un hombre padre, su derecho de padre sobre sus hijos no puede surgir naturalmente de
Grocio no nos dice aquí hasta dónde se extiende este jus in liberos, este poder de los padres sobre sus hijos; pero nuestro autor, siempre muy claro en este punto, nos asegura que es un poder supremo, y semejante al de los monarcas absolutos sobre sus esclavos, un poder absoluto de vida y muerte. Quien le exigiera saber cómo, o por qué razón, el engendrar un hijo le da al padre un poder tan absoluto sobre él, no hallará respuesta alguna: hemos de aceptar su palabra en esto, así como en varias otras cosas, y en eso deben basarse o venirse abajo las leyes de la naturaleza y las constituciones de los gobiernos.
De haber sido un monarca absoluto, esta forma de hablar le habría venido bastante bien, pro ratione voluntas, habría tenido fuerza en su boca; pero a modo de prueba o argumento resulta de lo más impropia, y poco favorecerá su defensa de la monarquía absoluta. Sir Robert ha devaluado demasiado la autoridad de un súbdito como para abrigar la esperanza de establecer algo basándose únicamente en su palabra; la opinión de un esclavo, carente de pruebas, no tiene el peso suficiente como para disponer de la libertad y las fortunas de toda la humanidad.
Si todos los hombres no son, como yo creo que son, naturalmente iguales, estoy seguro de que todos los esclavos sí lo son; y entonces puedo,