desgracia de dar con una hipótesis que no podía acomodarse a la naturaleza de las cosas y de los asuntos humanos; sus principios no podían hacerse concordar con aquella constitución y orden que Dios había establecido en el mundo, y por fuerza debían de chocar a menudo con el sentido común y la experiencia.
En la siguiente sección nos dice:
“Este poder patriarcal continuó no sólo hasta el diluvio, sino después de él, como el nombre de patriarca en parte lo prueba”.
La palabra patriarca prueba algo más que en parte que el poder patriarcal continuó en el mundo tanto tiempo como hubo patriarcas; pues es necesario que el poder patriarcal exista mientras haya patriarcas, así como es necesario que exista el poder paternal o conyugal mientras haya padres o maridos; pero esto no es más que jugar con los nombres.
Lo que él insinúa falazmente es aquello cuya prueba está en discusión, a saber, que “el señorío que Adán tenía sobre el mundo, el supuesto dominio universal absoluto de Adán por derecho descendiente de él, los patriarcas lo disfrutaron”.
Si afirma que semejante monarquía absoluta continuó hasta el diluvio en el mundo, me alegraría saber de qué registros lo saca; pues confieso que no encuentro ni una palabra de ello en mi biblia; si por poder patriarcal entiende otra cosa, no viene al caso. Y cómo el nombre de patriarca prueba en alguna medida que aquellos que llevan ese nombre tenían un poder monárquico absoluto, confieso que no lo veo, y por lo tanto creo que no requiere respuesta hasta que el argumento derivado de él se explique un poco más claramente.
“Los tres hijos de Noé se repartieron el mundo entre ellos, según dice nuestro autor, por disposición de su padre, pues a partir de ellos se pobló toda la tierra”, p. 14.