mal no se haya generalizado, y los malos designios de los gobernantes se vuelvan visibles, o sus tentativas perceptibles para la mayor parte, el pueblo, que está más dispuesto a sufrir que a enmendarse por la resistencia, no es propenso a moverse. Los ejemplos de injusticia o opresión particulares, de un hombre desafortunado aquí y allá, no lo conmueven. Mas si tienen universalmente el convencimiento, fundado en evidencia manifiesta, de que se llevan a cabo designios contra sus libertades, y el curso general y la tendencia de las cosas no pueden menos que darles fuertes sospechas de la mala intención de sus gobernantes, ¿quién ha de ser culpado por ello? ¿Quién puede evitarlo, si aquellos que podrían evitarlo se acarrean a sí mismos esta sospecha? ¿Ha de culparse al pueblo si tiene el raciocinio de criaturas racionales y no puede pensar en las cosas de otro modo que como las halla y las siente? ¿Y no es más bien culpa de quienes ponen las cosas en tal estado que no quisieran que fuesen consideradas como son? Concedo que el orgullo, la ambición y la turbulencia de los hombres privados han causado a veces grandes desórdenes en las repúblicas, y que las facciones han sido fatales para los Estados y los reinos. Pero si el mal ha comenzado más a menudo en el capricho del pueblo y en su deseo de sacudirse la autoridad legítima de sus gobernantes, o en la insolencia de los gobernantes y sus empeños por obtener y ejercer un poder arbitrario sobre su pueblo; si la opresión o la desobediencia dieron origen al desorden, se lo dejo a la historia imparcial para que lo determine. De esto estoy seguro: quienquiera, ya sea gobernante o súbdito, que por la fuerza intente invadir los derechos del príncipe o del pueblo, y siente las bases para derrocar la constitución y la estructura de cualquier gobierno justo, es altamente culpable del mayor crimen, creo yo, de que el hombre es capaz, al tener que responder por todos aquellos males de sangre, rapiña y desolación que la destrucción de los gobiernos trae sobre
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XIX. De la disolución del gobierno
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