Del heredero del poder monárquico de Adán
Nuestro autor nos dice, p. 253,
“Que es una verdad innegable que no puede haber ninguna multitud de hombres por grande o pequeña que sea, aunque esté reunida de los diversos rincones y las regiones más remotas del mundo, sin que en esa misma multitud, considerada por sí misma, haya un hombre entre ellos que por naturaleza tenga derecho a ser rey de todos los demás, por ser el siguiente heredero de Adán, y todos los demás súbditos suyos: cada hombre por naturaleza es un rey o un súbdito”.
Y de nuevo, p. 20,
“Si el propio Adán siguiera vivo, y ahora estuviera a punto de morir, es seguro que hay un hombre, y solo uno en el mundo, que es el siguiente heredero”.
Sea esta multitud de hombres, si a nuestro autor le place, todos los príncipes sobre la tierra; habrá entonces, según la regla de nuestro autor, «uno entre ellos que por naturaleza tiene derecho a ser rey de todos los demás, por ser el legítimo heredero de Adán»; un modo excelente de establecer los tronos de los príncipes y fijar la obediencia de sus súbditos, al levantar cien, o quizás mil títulos (si es que hay tantos príncipes en el mundo) contra cualquier rey que hoy reine, cada uno tan bueno,