- Si esto hubiera sido dispuesto por Dios como la carta de primogenitura, y la concesión de dominio a los hermanos mayores en general como tal, por derecho de herencia, podríamos esperar que hubiera incluido a todos sus hermanos; pues bien podemos suponer que Adán, de quien el mundo iba a ser poblado, tenía ya por entonces, cuando estos ya se habían hecho hombres, más hijos que estos dos: mientras que Abel ni siquiera es nombrado, y las palabras del original apenas pueden, con ninguna buena construcción, aplicarse a él.
Es demasiado construir una doctrina de tan portentosa consecuencia sobre un pasaje de las Escrituras tan dudoso y oscuro, el cual puede muy bien, no, mucho mejor, entenderse en un sentido bastante diferente, y por lo tanto no puede ser más que una mala prueba, al ser tan dudosa como aquello que ha de ser probado por ella; especialmente cuando no hay nada más en las Escrituras o en la razón que pueda encontrarse que la favorezca o la respalde.
Sigue, p. 19. > “Por consiguiente, cuando Jacob compró la primogenitura de su hermano, Isaac lo bendijo así: Sé señor de tus hermanos, y cúbrense ante ti los hijos de tu madre”. Otro ejemplo, según entiendo, traído por nuestro autor para demostrar que el dominio se debe a la primogenitura, ¡y qué ejemplo tan admirable!: pues menuda forma de razonar la de un hombre que aboga por el poder natural de los reyes, y en contra de todo pacto, al