de cualquier cosa en posesión actual puede entenderse mejor como una reversión; porque es posible que uno llegue a vivir para disfrutarla en
Si la concesión es en verdad a un padre y a sus hijos después de él, quien es tan bondadoso como para dejar que sus hijos la disfruten desde ahora en común con él, puede afirmarse con verdad que, en cuanto al resultado, lo uno equivaldrá a lo otro; pero jamás podrá ser verdad que aquello que las palabras expresas conceden en posesión y en común, deba entenderse mejor como en reversión.
El resumen de todo su razonamiento se reduce a esto: Dios no dio a los hijos de Noé el mundo en común con su padre, porque era posible que lo disfrutaran bajo su autoridad o después de él.
Un argumento de muy buena clase en contra de un texto expreso de las Escrituras; pero a Dios no se le debe creer, aunque él mismo lo diga, cuando afirma que hace algo que no resulta compatible con la hipótesis de Sir Robert.
Pues es evidente, por más que él quisiera excluirlos, que una parte de esta bendición, según él pretende que sea por sucesión, debe referirse necesariamente a los hijos, y no en absoluto al «Creced y multiplicaros, y henchid la tierra», dice Dios en esta bendición.
Esta parte de la bendición, como se ve por lo que sigue, no afectaba en absoluto a ningún hijo que tuviera después del diluvio; y en el capítulo siguiente, donde se enumera su posteridad, no se hace mención de ninguno; y así, esta bendición sucesiva no habría de tener lugar hasta 350 años después: y para salvar la monarquía imaginaria de nuestro autor, la repoblación del mundo tuvo que retrasarse 350 años; pues esta parte de la bendición no puede entenderse con subordinación, a menos que nuestro autor quiera decir que debían pedirle permiso a su padre Noé para acostarse con sus mujeres.