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nydus/Two Treatises of GovernmentPublic
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XI. ¿Quién heredero?

ejercer o cesar los actos de enemistad; y este poder, en muchos casos, puede tenerlo cualquiera sin supremacía política alguna: y, por tanto, hacer la guerra o la paz no probará que todo aquel que lo hace sea un gobernante político, y mucho menos un rey; pues entonces las repúblicas habrían de ser reyes también, ya que hacen la guerra y la paz con tanta certeza como el gobierno monárquico.

Mas, concediendo que esto sea una «marca de soberanía en Abrahán», ¿es una prueba de la transmisión hacia él de la soberanía de Adán sobre el mundo entero?

Si lo es, será sin duda una prueba igual de buena de la transmisión del señorío de Adán a otros también. Y entonces las repúblicas, así como Abrahán, serán herederas de Adán, pues hacen la guerra y la paz al igual que él.

Si decís que el «señorío de Adán» no se transmite por derecho a las repúblicas, aunque hagan la guerra y la paz, lo mismo digo yo de Abrahán, y entonces se acabó vuestro argumento; si os mantenéis en vuestro argumento y decís que aquellos que hacen la guerra y la paz, como las repúblicas hacen sin duda, «heredan el señorío de Adán», se acabó vuestra monarquía, a menos que queráis decir que las repúblicas que «disfrutan por transmisión del señorío de Adán» son monarquías; y eso, en verdad, sería una nueva manera de hacer monárquicos a todos los gobiernos del mundo.

Para atribuir a nuestro autor el honor de este nuevo invento —pues confieso que no he sido yo quien lo ha descubierto primero siguiendo sus principios, cargándoselo así a él—, es justo que mis lectores sepan que (por absurdo que parezca) él mismo lo enseña en la p. 23, donde dice ingenuamente: > “En todos los reinos y repúblicas del mundo, ya sea el príncipe el padre supremo del pueblo, o tan solo

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