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nydus/Two Treatises of GovernmentPublic
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VI. Del derecho de Adán a la soberanía por la paternidad

cuidado, y que por los dictados de la naturaleza y la razón, así como por su mandato revelado, nos exige preservar?

Él ha tenido en todas las partes de la creación un cuidado peculiar para propagar y continuar las diversas especies de criaturas, y hace que los individuos actúen con tanta fuerza hacia este fin, que a veces descuidan por ello su propio bien particular y parecen olvidar esa regla general que la naturaleza enseña a todas las cosas, la de la autopreservación; y la conservación de sus crías, como el principio más fuerte en ellas, se impone a la constitución de sus naturalezas particulares.

Así vemos que, cuando sus crías lo necesitan, los timoratos se vuelven valientes, las especies feroces y salvajes, tiernas y generosas, y las rapaces, desprendidas.

Mas si el ejemplo de lo que se ha hecho fuere la regla de lo que debe hacerse, la historia habría proporcionado a nuestro autor ejemplos de este poder paternal absoluto en su cota más alta y perfecta, y nos habría podido mostrar en el Perú gentes que engendraban hijos con el propósito de engordarlos y comérselos. Esta historia es tan notable que no puedo menos que consignarla con las propias palabras del autor: > «En algunas provincias», dice, «eran tan golosos de carne humana, que no tenían la paciencia de esperar a que el alma saliese del cuerpo, sino que chupaban la sangre mientras corría de las heridas del moribundo; tenían carnicerías públicas de carne humana, y su locura a este respecto llegaba a tal extremo que no perdonaban ni a sus propios hijos, los cuales habían engendrado en mujeres extrañas capturadas en la guerra; pues hacían de sus cautivas sus amantes, y alimentaban con esmero a los hijos que tenían con ellas, hasta que a la edad de unos trece

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