«Esaú salió al encuentro de su hermano Jacob con 400 hombres armados»; por lo tanto, era rey por derecho de heredero de Adán. Cuatro hombres armados entonces, de cualquier forma que se reúnan, bastan para demostrar que quien los encabeza es un rey y heredero de Adán. Ha habido bandoleros en Irlanda (cualesquiera que sean los que haya en otros países) que le habrían agradecido a nuestro autor una opinión tan honorable sobre ellos, especialmente si no hubiera habido nadie cerca con un título mejor de 500 hombres armados para cuestionar su autoridad real de 400. Es una vergüenza que los hombres jueguen así, por no decir otra cosa, en un argumento tan serio.
Aquí se trae a Esaú como prueba de que el señorío de Adán, “el dominio absoluto de Adán, tan vasto como el de cualquier monarca, descendió por derecho a los patriarcas”, y en este mismo capítulo, pág. 19, se presenta a Jacob como ejemplo de alguien que, por “primogenitura, era señor sobre sus hermanos”.
De modo que tenemos aquí a dos hermanos que son monarcas absolutos por el mismo título y al mismo tiempo herederos de Adán; el mayor, heredero de Adán, porque salió al encuentro de su hermano con 400 hombres; y el menor, heredero de Adán por primogenitura:
“Esaú disfrutaba del señorío que Adán tenía sobre todo el mundo por derecho que le descendía, de manera tan vasta y amplia como el dominio más absoluto de cualquier monarca; y al mismo tiempo, Jacob era su señor, por el derecho que los herederos tienen de ser señores sobre sus hermanos”.
¿Risum teneatis? Jamás, lo confieso, me he topado con un hombre de talento tan diestro como sir Robert en esta forma de argumentar; pero tuvo la