El poder de dictar leyes sobre la vida y la muerte es, en verdad, una señal de soberanía, pero pronunciar la sentencia de acuerdo con esas leyes puede ser realizado por otros, y por lo tanto esto apenas probará que él tenía autoridad soberana: como si alguien dijera: el juez Jefferies pronunció sentencia de muerte en los tiempos recientes, por lo tanto el juez Jefferies tenía autoridad
Pero se diría que Judá no lo hizo por encargo de otro, y por lo tanto lo hizo en su propio derecho. ¿Quién sabe si tenía algún derecho en absoluto? El calor de la pasión pudo llevarle a hacer aquello que no tenía autoridad para hacer.
«Judá tenía dominio sobre la vida y la muerte»: ¿cómo consta eso? Lo ejerció, «pronunció sentencia de muerte contra Tamar»: nuestro autor piensa que es una prueba muy buena que, porque lo hizo, por lo tanto tenía derecho a hacerlo; se acostó con ella también; por el mismo método de prueba, tenía derecho a hacer eso también.
Si la consecuencia es buena a partir del acto, respecto al derecho de obrar, también Absalón puede ser contado entre los soberanos de nuestro autor, pues dictó tal sentencia de muerte contra su hermano Amnón, y en gran medida en una ocasión semejante, y además la hizo ejecutar, si es que eso basta para probar un dominio sobre la vida y la muerte.
Pero admitiendo que todo esto sea una clara demostración de poder soberano, ¿quién era el que tenía este «señorío por derecho que le descendía de Adán, tan vasto y amplio como el dominio más absoluto de cualquier monarca»? Judá, dice nuestro autor, Judá, un hijo menor de Jacob, viviendo su padre y sus hermanos mayores; de modo que, si hay que aceptar la propia prueba de nuestro autor, un hermano menor puede, en vida de su padre y de sus hermanos mayores, «disfrutar por derecho de descendencia del poder monárquico de Adán»; y si alguien con tales prendas puede ser monarca por descendencia, ¿por qué no ha de poder serlo todo hombre?