la supremacía fuera ilimitada en Adán, y tan vasta como todos los actos de su voluntad; y como en él, así en todos los demás que tienen poder supremo, O. p. 245.
Me he tomado la molestia de importunar a mi lector con estas diversas citas en las propias palabras de nuestro A., para que en ellas pueda verse su propia descripción de su autoridad paternal, tal como se encuentra dispersa a lo largo y ancho de sus escritos, la cual supone él que recayó primero en Adán, y por derecho pertenece a todos los príncipes desde entonces.
Esa autoridad paternal, pues, o derecho de paternidad, en el sentido de nuestro A., es un derecho de soberanía divino e inalterable, mediante el cual un padre o un príncipe posee un poder absoluto, arbitrario, ilimitado e imitable sobre las vidas, libertades y haciendas de sus hijos y súbditos; de modo que puede tomar o enajenar sus haciendas, vender, castrar o usar de sus personas como le plazca, siendo todos ellos esclavos suyos, y él señor o propietario de todo, y su voluntad desmedida la ley de ellos.