Pero supongamos que todos los hombres de esa comunidad, siendo todos miembros del mismo cuerpo político, pueden ser considerados como participantes en esa guerra injusta en la que son subyugados, y por lo tanto sus vidas están a merced del conquistador.
Digo que esto no concierne a sus hijos que están en su minoría de edad: pues como un padre no tiene, en sí mismo, poder sobre la vida o la libertad de su hijo, ningún acto suyo puede jamás perderlas.
De modo que los hijos, fuere lo que fuere lo que les haya sucedido a los padres, son hombres libres, y el poder absoluto del conquistador no va más allá de las personas de los hombres que fueron subyugados por él, y muere con ellos: y si los gobernase como esclavos sometidos a su poder absoluto y arbitrario, no tiene tal derecho ni dominio sobre sus hijos.
No puede tener poder sobre ellos sino por su propio consentimiento, a cualquier cosa que los obligue a decir o hacer; y no tiene autoridad legítima mientras la fuerza, y no la elección, los obligue a la sumisión.
Todo hombre nace con un doble derecho:
- primero, un derecho a la libertad de su persona, sobre el cual ningún otro hombre tiene poder alguno, sino que la libre disposición de esta recae en él mismo.
- En segundo lugar, un derecho, preferente a cualquier otro hombre, a heredar junto con sus hermanos los bienes de su padre.
Por el primero de estos, un hombre es naturalmente libre de sujeción a cualquier gobierno, aunque haya nacido en un lugar bajo su jurisdicción; pero si renuncia al gobierno legítimo del país en que nació, también debe renunciar al derecho que le pertenecía por las leyes de este, y a las posesiones que allí le descendieron de sus antecesores, si se tratare de un gobierno hecho por el consentimiento de ellos.