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nydus/Two Treatises of GovernmentPublic
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VIII. Del comienzo de las sociedades políticas

Pero aunque la edad de oro (antes de que la vanidad ambiciosa y el amor sceleratus habendi, la codicia malvada, corrompieran las mentes de los hombres haciéndoles errar el concepto del verdadero poder y del verdadero honor) poseyera más virtud y, por consiguiente, mejores gobernantes, así como súbditos menos viciosos; y no existiera entonces ni una prerrogativa que se extralimitara por un lado para oprimir al pueblo, ni por consiguiente, por el otro, disputa alguna sobre privilegios que disminuyera o restringiera el poder del magistrado, y por tanto ningún conflicto entre gobernantes y gobernados acerca de los gobernantes o del gobierno; sin embargo, cuando la ambición y el lujo de los siglos futuros quisieron retener y aumentar el poder sin cumplir con el propósito para el cual les había sido otorgado; y, secundados por la adulación, enseñaron a los príncipes a tener intereses distintos y separados de los de su pueblo, los hombres consideraron necesario examinar con mayor cuidado el origen y los derechos del gobierno, y hallar los medios para frenar las extralimitaciones y prevenir los abusos de ese poder que, tras haberlo confiado en manos ajenas únicamente para su propio bien, comprobaron que era utilizado para perjudicarles.

Así podemos ver cuán probable es que personas que eran naturalmente libres, y por su propio consentimiento bien se sometieron al gobierno de su padre, o bien se unieron procedentes de distintas familias para formar un gobierno, pusieran por lo general el mando en manos de un solo hombre, y eligieran estar bajo la dirección de una sola persona, sin tan siquiera limitar o regular su poder mediante condiciones expresas, el cual consideraban bastante seguro en su honradez y prudencia: aunque jamás

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