y el dominio pertenecen al tercer hijo sobre sus hermanos, que deducir de esta bendición de Isaac que le correspondían a Jacob: ambos pasajes contienen únicamente predicciones de lo que mucho después sucedería a sus descendencias, y no una declaración del derecho de herencia al dominio en ninguno de ellos. Y así tenemos los dos grandes y únicos argumentos de nuestro autor para probar que «los herederos son señores de sus hermanos».
- Porque Dios le dice a Caín, en el Génesis 4, que por mucho que el pecado lo acose, debe o puede dominarlo; pues los intérpretes más cultos entendieron que las palabras se referían al pecado, y no a Abel, y dan razones tan sólidas para ello que nada se puede inferir de manera convincente, a partir de un texto tan dudoso, para los propósitos de nuestro autor.
- Porque en este pasaje del Génesis 27 Isaac predice que los israelitas, la posteridad de Jacob, tendrían dominio sobre los edomitas, la posteridad de Esaú; por lo tanto, dice nuestro autor, «los herederos son señores de sus hermanos»: dejo que cualquiera juzgue tal conclusión.