Antes de la apropiación de la tierra, aquel que recolectaba tantos frutos silvestres, mataba, atrapaba o domesticaba tantas bestias como podía; aquel que empleaba su esfuerzo en cualquiera de los productos espontáneos de la naturaleza, de modo tal que los alterara respecto al estado en que la naturaleza los había puesto, añadiéndoles algo de su trabajo, adquiría por ello una propiedad sobre ellos: mas si perecían en su posesión sin darles el uso debido; si las frutas se pudrían o la carne de venecia se corrompía antes de que pudiera consumirla, contravenía la ley común de la naturaleza y era pasible de castigo; invadía la parte de su prójimo, pues no tenía derecho más allá de lo que requería su uso y lo que pudiera servirle para las comodidades de la vida.
Las mismas medidas regían también la posesión de la tierra: todo lo que labraba y cosechaba, almacenaba y utilizaba antes de que se echara a perder, eso era su derecho particular; todo lo que cercaba, y podía alimentar y aprovechar, el ganado y el producto, era también suyo. Pero si la hierba de su cercado se pudría en el suelo, o el fruto de su plantación perecía sin ser recolectado y almacenado, esta parte de la tierra, a pesar de su cercado, debía considerarse aún como baldía y podía ser posesión de cualquier otro. Así, al principio, Caín podía tomar tanta tierra como pudiera labrar y hacer suya, y aun así dejar suficiente para que pastaran las ovejas de Abel; unas pocas acres bastaban para las posesiones de ambos. Pero a medida que las familias aumentaron y la industria incrementó sus rebaños, sus posesiones crecieron con la necesidad de estos; sin embargo, por lo general, no existía una propiedad fija sobre el terreno del que hacían uso, hasta que se incorporaron, se establecieron juntos y construyeron ciudades; y entonces, por consentimiento, llegaron con el tiempo a fijar los linderos de sus distintos territorios, y a acordar límites entre ellos y sus vecinos; y mediante leyes internas establecieron las propiedades de los miembros de una misma sociedad: pues vemos que en aquella parte del