Y así hemos examinado los dos pasajes de las Escrituras, todo lo que recuerdo que nuestro autor aporta para probar la soberanía de Adán, aquella supremacía que, según dice, «fue ordenanza de Dios que fuera ilimitada en Adán, y tan amplia como todos los actos de su voluntad», O. 254, a saber, Génesis 1:28 y Génesis 3:16, uno de los cuales significa únicamente la subjeción de las categorías inferiores de criaturas al género humano, y el otro la subjeción que una esposa debe a su marido; ambos bastante alejados de aquello que los súbditos deben a los gobernantes de las sociedades políticas.
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V. Del derecho de Adán a la soberanía, por la sumisión de Eva
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