sacó? Su trabajo la ha sacado de las manos de la naturaleza —donde era común y pertenecía por igual a todos los hijos de ella— y, por ello, la ha apropiado para sí.
Así, esta ley de la razón hace que el ciervo sea de aquel indio que lo ha matado; se le permite que sean sus bienes a quien ha dedicado su trabajo a él, aunque antes era derecho común de todos. Y entre aquellos que son contados como la parte civilizada de la humanidad, que han hecho y multiplicado leyes positivas para determinar la propiedad, esta ley original de la naturaleza, para el origen de la propiedad en lo que antes era común, sigue teniendo vigencia; y en virtud de ella, el pez que cualquiera atrapa en el océano, ese gran y aún restante bien común de la humanidad: o el ámbar gris que cualquiera recoja aquí, se hace propiedad de quien se toma esa molestia, mediante el trabajo que lo saca de ese estado común en que la naturaleza lo dejó. Y aun entre nosotros, la liebre que cualquiera está cazando se considera de aquel que la persigue durante la persecución: pues al ser una bestia que todavía es vista como común, y posesión privada de nadie, quienquiera que haya empleado tanto trabajo en cualquiera de esa especie como para encontrarla y perseguirla, la ha sacado por ello del estado de naturaleza en el que era común, y ha dado inicio a una propiedad.
Se objetará quizás a esto que «si recoger las bellotas, u otros frutos de la tierra, etc., confiere un derecho sobre ellos, entonces cualquiera puede acaparar tanto como quiera». A lo que respondo: No es así. La misma ley de naturaleza que por este medio nos da la propiedad, es también la que pone límites a esa propiedad. «Dios nos ha dado todas las cosas en abundancia» (1 Tim. 6:17) es la voz de la razón confirmada por la inspiración. ¿Pero hasta dónde nos las ha dado? Para disfrutarlas. Todo aquello de lo que uno pueda hacer uso para cualquier ventaja de la vida antes de que se eche a perder, sobre eso puede mediante su trabajo