Pero si los actos ilegajes cometidos por el magistrado son respaldados (por el poder que ha adquirido) y el remedio debido por ley es obstaculizado por ese mismo poder: aun así, el derecho a resistir, incluso en tales actos manifiestos de tiranía, no perturbará al gobierno de improviso ni por motivos leves; porque si no va más allá de los casos de algunos particulares —aunque estos tengan derecho a defenderse y a recuperar por la fuerza lo que por la fuerza les ha sido arrebatado—, el derecho a hacerlo no los embarcará fácilmente en una contienda en la que tienen la seguridad de perecer; ya que es tan imposible que uno o unos pocos hombres oprimidos perturben al gobierno, cuando el grueso del pueblo no se siente implicado en ello, como que un demente furioso o un descontento imprudente derroquen a un Estado bien establecido, siendo el pueblo tan poco propenso a seguir a los unos como a los
Pero si estos actos ilegales se han extendido a la mayoría del pueblo; o si el mal