la obediencia a los reyes se enuncia en los términos: Honra a tu padre, p. 23. Puesto que muchos confiesan que el gobierno solo en abstracto es ordenanza de Dios, no son capaces de probar tal ordenanza en la escritura, sino únicamente en el poder paternal; y por ello hallamos que el mandamiento que impone la obediencia a los superiores se da en los términos: Honra a tu padre; de modo que no solo el poder y el derecho de gobierno, sino la forma del poder que gobierna y la persona que detenta el poder, son enteramente ordenanzas de Dios. El primer padre no tuvo solo poder en simple, sino poder monárquico, en tanto que él era padre inmediatamente de Dios», O. 254.
Con el mismo fin, la misma ley es citada por nuestro autor en varios otros lugares, y exactamente de la misma manera; esto es, «y la madre», por ser palabras apócrifas, son siempre omitidas; una gran prueba de la ingenuidad de nuestro autor y de la bondad de su causa, la cual requería en su defensor un celo de tal grado de fervor que fuera capaz de torcer la regla sagrada de la palabra de Dios para hacerla coincidir con su propósito actual; un modo de proceder no infrecuente entre aquellos que no abrazan las verdades porque la razón y la revelación las ofrecen, sino que adoptan dogmas y partidos con fines distintos de la verdad, y luego se empeñan a toda costa en defenderlos; y hacen así con las palabras y el sentido de los autores aquello que querrían ajustar a su propósito, tal como Procusto lo hacía con sus huéspedes, cortándolos o estirándolos para que se adaptasen mejor a la medida de sus nociones; y siempre resultan ser como los así tratados: deformes, cojos e inútiles.
Porque de haber expuesto nuestro autor este mandato sin desfigurarlo, tal como Dios lo dio, y unido la madre al padre, cualquier lector habría visto que iba directamente en su contra; y que, lejos de establecer el «poder monárquico del padre», situaba a la madre en pie de igualdad con él, y no ordenaba nada que no se debiera por igual tanto al padre como a la madre: pues tal es el tenor constante de la Escritura.