De la paternidad y la propiedad consideradas conjuntamente como fuentes de soberanía
En los capítulos precedentes hemos visto cuál era la monarquía de Adán, según la opinión de nuestro autor, y sobre qué títulos la fundaba. Los fundamentos en los que hace mayor hincapié, por ser aquellos de los que cree que puede derivar mejor el poder monárquico para los futuros príncipes, son dos, a saber: «la paternidad y la propiedad»; y por ello el medio que propone para «eliminar los absurdos y los inconvenientes de la doctrina de la libertad natural, es sostener el dominio natural y privado de Adán», O. 222.
De conformidad con esto, nos dice que «los fundamentos y principios del gobierno dependen necesariamente del origen de la propiedad», O. 108.
La sujeción de los hijos a sus padres es la fuente de toda autoridad regia, p. 12. Y todo poder en la tierra es derivado o usurpado del poder paternal, al no poder hallarse ningún otro origen para cualquier poder que sea», O. 158.
No voy a detenerme aquí a examinar cómo puede afirmarse sin contradicción que los «primeros fundamentos y principios del gobierno