De la transmisión del poder monárquico soberano de Adán
Sir Robert, al no haber sido muy afortunado en ninguna de las pruebas que aporta en favor de la soberanía de Adán, no lo es mucho más al transmitirla a los futuros príncipes; quienes, si su política es verdadera, deben derivar todos sus títulos de aquel primer monarca.
Las vías que ha asignado, tal como se encuentran dispersas por sus escritos, las expondré en sus propias palabras:
en su prólogo nos dice que «siendo Adán monarca de todo el mundo, ninguno de sus descendientes tenía derecho a poseer cosa alguna, sino por concesión o permiso suyo, o por sucesión de él».
Aquí establece dos formas de transmisión de cualquier cosa de la que Adán fuera poseedor; y estas son: concesiones o sucesión.
De nuevo dice: «Todos los reyes son, o ha de reputárseles como, los herederos más próximos de aquellos primeros progenitores que en un principio fueron los padres naturales de todo el pueblo», p. 19.—«No puede haber multitud de hombres cualquiera, sin que en ella, considerada por sí misma, haya uno entre ellos que por naturaleza tenga derecho a ser el rey de todos los demás, por ser el heredero más próximo de Adán», O. 253. Aquí, en estos pasajes, la herencia es el único modo que admite para transmitir el poder monárquico a los príncipes.