Del derecho de Adán a la soberanía, por la sumjeción de Eva
El siguiente pasaje de las Escrituras sobre el que encontramos que nuestro autor funda su monarquía de Adán es el Génesis 3:16.
«Y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Aquí tenemos (dice) la concesión original del gobierno», a partir de lo cual concluye en la parte siguiente de la página, O. 244:
«Que el poder supremo está radicado en la paternidad, y limitado a una sola clase de gobierno, esto es, a la monarquía».
Pues, sean cuales fueren sus premisas, esta es siempre la conclusión; con que el dominio sea nombrado una sola vez en cualquier texto, la monarquía absoluta queda establecida de inmediato por derecho divino.
Si alguien lee con atención el propio razonamiento de nuestro autor a partir de estas palabras, O. 244, y considera entre otras cosas «la línea y la posteridad de Adán», tal como él las introduce allí, hallará cierta dificultad en entender el sentido de lo que dice; pero por ahora admitiremos que esta es su forma peculiar de escribir y consideraremos la fuerza del texto que nos ocupa.